martes, 25 de marzo de 2014

3 COSAS QUE DEBES SABER SOBRE LA CHARLA "Vivir en Armonía" de Sylvia Langford


"Se la clase de líder que tú mismo seguirías"


1. El Foco está en los Padres

Sylvia Langford observó, durante más de 20 años, que muchas de las conductas difíciles de nuestros hijos se deben más bien a un cambio en el comportamiento de nosotros, los adultos, respecto a la crianza y la educación.


Gritar, amenazar, dar sermones y castigos, ser sobreprotectores y asistencialistas, negociar y ser "amigos" permisivos y ausentes de nuestros hijos no es suficiente. ¿Qué hacemos entonces?


2. El Foco está en ejercer un liderazgo desde el Amor y el Respeto

Precisamente, el foco de la charla es cómo podemos recuperar al adulto guía que con tranquilidad, paciencia, cercanía, claridad y coherencia es capaz de ejercer un liderazgo consciente desde el amor y el respeto. Es decir, “cuando te amo y respeto, creo y confío en tus capacidades, te reconozco y te exijo”. 

Un adulto guía capaz de lograr que los niños y jóvenes sigan instrucciones y hagan lo que tienen que hacer, que valoricen el trabajo sistemático, el esfuerzo y la disciplina para alcanzar sus logros, lo que permitirá́ mejorar sus habilidades cognitivas y emocionales, y su capacidad de tomar decisiones y resolver sus problemas, es decir, desarrollar su autonomía, seguridad e inteligencia

Un adulto guía capaz de que los niños y jóvenes fortalezcan su voluntad y desarrollen buenos hábitos desde el ejemplo del adulto que lidera el proceso de formación humana. Un adulto guía capaz de crear un mejor ambiente en la sala y en el hogar. Finalmente, un adulto que se hace cargo de las consecuencias de su actitud, desmotivación, aburrimiento, falta de fuerza de voluntad, sentido de la vida y responsabilidad en la formación de los niños y jóvenes, es decir, en la formación de nuestra sociedad.

ES por todo esto que el Método Langford  ha recibido el apoyo oficial de la UNESCO Latinoamérica como Educación para la paz.


3. Es una Oportunidad para crecer como persona, familia y comunidad

Muchas veces nos quejamos de que las oportunidades están demasiado lejos, son demasiado caras o están fuera de nuestro alcance. En el CGPA creemos que el generar y aprovechar las oportunidades depende de nosotros. No importa la edad que tengan nuestros hijos, siempre hay algo que podemos aprender.




Artículo Publicado en El Mercurio


REVISTA YA
Martes 5 de Noviembre de 2013

 
La revolución Langford

¿Quieren educar mamones o futuros emprendedores? Con esa provocadora frase, la psicóloga inglesa Sylvia Langford busca cambiar la mentalidad de padres y escolares. Sin magísteres ni doctorados, ha creado su propio método educativo para revolucionar las salas de clases y los hogares chilenos. ¿La clave?: formar niños y adolescentes autónomos y padres que dejen de ser sobreprotectores. Aquí revela su cruzada educativa y enseña los ejes de su método.  
Por Pilar Navarrete. Son las 19:30 de un jueves de octubre y en la sala del auditorio del Colegio Alemán de Puerto Montt hay cerca de 150 papás. En el escenario está la psicóloga Sylvia Langford, alta, rubia y maciza, de quien la mayoría de los asistentes sabe lo siguiente: ha publicado cuatro libros, dos de ellos best sellers educativos -"De regreso a la armonía" y "Vivir en armonía"- donde enseña a reeducar los hábitos de los niños y a que los adultos recuperen su autoridad. También que es la creadora de un método llamado Langford con el que al interior de su consulta en Santiago, dicen, hacía milagros: reconvirtiendo hábitos de estudio y enseñándoles a ser autónomos, en solo cuatro meses recuperaba a niños diagnosticados con déficit atencional y los sacaba del universo de los medicamentos. Como conseguía lo que nadie lograba, los papás del auditorio también saben que muchos le dicen "la psicomaga". Pero solo algunos saben que hace un año cerró su consulta a pesar de que su lista de espera era interminable, y que lo hizo porque decidió subirse a una camioneta y viajar por todo Chile enseñando su método. Más adelante, la propia Sylvia Langford confesará que su sueño es que nadie dependa de ella.-Todos dicen que estoy loca, pero yo trabajo por la paz mundial. Yo me levanto para trabajar por el brillo de los ojos de los niños y también por el de todas las personas. Y para eso necesitamos personas autónomas. Yo no quiero una sociedad de dependientes -asegura.Sin mediar presentación, sino solo con una amplia sonrisa, Sylvia parte la charla con una pregunta.-¿Vienen con ganas de reflexionar?Pocos responden con claridad. -Seamos francos. ¿Es fácil ser padres? No, y parece que en eso estamos entrampados. Bueno, quizás hoy día los voy a dejar más complicados, pero voy a intentar darles otra visión de las cosas -les comenta. La sala se inunda de risas nerviosas, como si los asistentes supieran que se aprontan a algo parecido a un stand up comedy, pero en realidad, en esta charla pocas cosas, fuera de las anécdotas, son para la risa. En los siguientes 60 minutos a través de un powerpoint, Sylvia hace viajar a los asistentes por un compilado de escenas cotidianas. Como maneja la empatía con dominio abismante, relata cada situación con humor hilarante y logra un reto difícil: enfrentar a este puñado de adultos con lo que, según esta psicóloga, no quieren ver. Es decir, que son padres de niños que no obedecen órdenes, que responden mal cuando les dan alguna instrucción y que consiguen todo a través de pataletas. Niños poco empáticos, que alegan porque pasan aburridos y que son incapaces de aceptar un no por respuesta. Y lo peor de todo: les dice que la responsabilidad, en gran parte, está justamente en ellos, los adultos. Su exposición termina con palabras claras.-Ustedes tienen que pensar: qué quiero formar, ¿un emprendedor o un mamón? Hemos confundido las cosas y creemos que el amor es sobreproteger, cuando el amor es exigir, pero exigir cuando corresponde. Crean en sus hijos. Déjenlos caerse y equivocarse. El amor es mostrar el camino de la felicidad a los hijos y eso solo se construye con trabajo, disciplina y esfuerzo. Conviértanse en buenos guías. La charla termina con los padres de pie, dirigiendo a Sylvia una ola de aplausos cerrados.Crear el método Langford a Sylvia le ha tomado toda su vida. Nacida en Inglaterra, llegó a vivir a Santiago siendo aún adolescente, acompañando a su papá, un empresario británico. Curiosa y perspicaz, desde pequeña en su colegio se dedicó a hacer deportes: practicaba hockey y vóleibol, y llegó a ser entrenadora. Le asombraban los avances que podía conseguir generando hábitos e inculcando el esfuerzo. Al mismo tiempo trabajaba como voluntaria en hogares de niños con parálisis cerebral y se preguntaba por qué si había películas donde niños así lograban avanzar con ayuda de un guía, en su entorno eso no ocurría. Ese pensamiento circulaba en su cabeza, en buena parte gracias a las ideas que le inculcaba su abuela. -Ella tenía un problema en las piernas por el que supuestamente nunca iba a caminar y caminó. Por eso siempre me decía "está en tus manos hacer lo que tú quieras, eres dueña de tu vida". Eso, en cierto sentido, es de lo que trato de convencer hoy a las personas -comenta la psicóloga.Paralelo a su trabajo como entrenadora, dedicó gran parte de su tiempo a trabajar en un consultorio de La Reina donde veía con preocupación cómo llegaban niños pequeños diagnosticados con déficit atencional y cómo los medicamentos que les recetaban no corregían los problemas y, al contrario, se multiplicaban. Cuando nacieron sus hijos -hoy de 22 y 25 años- la idea de crear una herramienta que previniera ese escenario surgió en ella con más fuerza. Encontró el método Kumón -una metodología individualizada para enseñar matemáticas y lenguaje, que se adapta al ritmo de cada niño y lo motiva a seguir aprendiendo- y lo trajo a Chile en 1996. En el camino estudió a Reuven Feuerstein, un israelita que postula que la inteligencia se puede moldear, y lo combinó con música y elementos de la filosofía oriental, como el uso de mandalas. En los niños que iba conociendo trataba de aplicar ciertos aspectos del método que había empezado a desarrollar de manera intuitiva. Para reafirmar sus conocimientos y avalar sus ideas, entró a estudiar Psicología. Entonces, dice, le quedó claro el panorama que se dibujaba en Chile.-Descubrí que en psicología los planteamientos son solo enfermedad y yo no creo en la enfermedad, creo en la salud. A lo largo de mi vida, he visto a más de 14 mil niños y jóvenes, y poniendo en práctica mi método, fueron ocurriendo cosas. La psicología es una buena herramienta para saber dónde estás, pero no para decirte hacia dónde vas a llegar. Creo que hoy se utiliza para pronosticar o determinar al ser humano y eso es un problema porque le pones techo o límites a las capacidades.Al interior de su consulta, que montó en su casa en Providencia, el método Langford consistía en practicar ejercicios para desarrollar habilidades cognitivas y emocionales y desarrollar la fuerza de voluntad. Luego de la consulta, los niños se iban con instrucciones claras para la casa: acostarse temprano y hacer las tareas a su debido tiempo. A los papás, en cambio, la psicóloga les preguntaba: ¿cómo está su gritómetro? Los invitaba a darle espacio a sus hijos, a no sobreprotegerlos, y, en cambio, a dar órdenes precisas para recuperar la autoridad y no entrar a negociar con premios ni castigos. Su metodología se fue propagando boca a boca entre papás que se enteraban de sus resultados. Su consulta se llenó. Sylvia cada día ratificaba los logros de su invento. Pero, al mismo tiempo, comenzó a detectar un problema: atendiendo incluso los sábados su agenda de pacientes estaba copada y tenía una larga lista de espera, igual que la de los hospitales que tanto criticaba. Entonces empezó a preguntarse cómo crear un sistema para que muchos conocieran su modo de trabajo sin tener que atender uno a uno. Las sincronías de la vida llevaron a que cuando comenzaba a verse en esa encrucijada, recibió dos llamadas: una desde Puente Alto y otra desde Guangualí, cerca de Los Vilos. Eran los directores de dos escuelas de realidades vulnerables, que buscaban su ayuda. Le pidieron intervenir las salas de clase como parte de un proyecto piloto para controlar una realidad que se les escapaba de las manos. Confiaron en ella a ojos cerrados: Langford nunca había hecho algo así. Con ayuda de sus hijos, la psicóloga elaboró un dvd casero que incluía los ejercicios motrices que realizaba en cada sesión apoyada de música y también los de lenguaje. Resumió de forma casera las 80 sesiones en las que se desarrollaba el método Langford e imprimió las hojas en su propia impresora. Lo que ni ella ni los mismos profesores se imaginaron en ese momento es que eso sería la semilla de una bomba racimo: en cuatro años los colegios que le han pedido implementar el método Langford ya suman 40, llegando a tres mil alumnos desde Copiapó a Punta Arenas; la Unesco reconoció el sistema como Educación para la Paz. Langford se dio cuenta de que había mucho por hacer y cerró su consulta. Hoy, dice, vive como una gitana: pasa cinco días de la semana viajando y a sus hijos los ve apenas sábado y domingo. Ni Sylvia ni ellos alegan por el nuevo escenario: todos forman parte de Flowing, la pequeña empresa que montaron para hacer posible esta silenciosa revolución en la que trabajan ad honorem quince personas.De las 40 intervenciones que ha hecho Flowing en Chile, la mayoría ha sido financiada con ayuda de fondos del Estado: algunos entregados por la Junta de Jardines Infantiles, otros por el Servicio Nacional de Menores, pero en su mayoría por el Fondo de Solidaridad e Inversión Social (Fosis) de la IV Región. Su director, Hernán Pizarro, conoció a Sylvia por una casualidad: un empresario de la zona le había comentado que en una escuela en Guangualí, la psicóloga había hecho maravillas. Entonces pidió que se la presentara. Con ella desarrolló un programa piloto en la Escuela Los Cóndores, donde el panorama era color hormiga: buena parte de las familias vivían del microtráfico, los jóvenes sufrían déficit atencional y tenían malas notas. La tasa de deserción escolar y bullying estaba por las nubes. -El método de Sylvia trabaja el tema de la voluntad en los jóvenes dentro de la sala de clases y en devolverles la autoridad a los papás y a los profesores, porque en el fondo trabaja con devolverles la autoridad a los adultos. ¡Imagínate eso en una escuela vulnerable! -comenta. Luego de seis meses Pizarro vio cómo el ambiente en la sala de clases había mejorado: los niños terminaron hablando y escribiendo en inglés, recitando, bailando y montando una obra de teatro. -Fue impresionante -asegura-. Todas las mamás participaron en el proceso. Muchas confesaban que entendieron que no tenían que cumplir el rol de amigas con sus hijos, sino de madre. Ese fue un cambio grande. Con esa experiencia, Pizarro traspasó la información a las oficinas centrales de Fosis, pero descubrió una barrera: -Sylvia tiene un método que es muy difícil de calzar con los programas estandarizados que maneja el Estado a la hora de hacer las postulaciones o de realizar las rendiciones. Por eso para que se expanda, hemos tenido que postularlo a fondos no regulares, sino que de innovación. Porque hay que convencerse: el método Langford es innovación pura -dice.  El jardín infantil Pilai, ubicado en San Carlos de Apoquindo, fue el primero de Santiago en sumar el método Langford a su programa educativo en 2010. Todos los días, a las 9 de la mañana, sin gritos ni órdenes de por medio, los niños guardan sus juguetes y las educadoras en sus cuatro salas prenden un televisor donde proyectan un video. Una chica -la hija de Sylvia Langford- aparece bailando sobre un fondo marino, siguiendo un ritmo algo tribal, mientras pronuncia, como si fueran parte de una canción, los nombres de ciertos pájaros, animales y flores, algunas veces en inglés, otras en español. Los niños y la profesora comienzan a imitar sus movimientos. Al cabo de cinco minutos, el video termina. Los niños se acercan a un mueble a sacar un cuaderno. Los próximos diez minutos los dedican a trazar líneas en dibujos prepunteados. Todos se mantienen en silencio en sus puestos de trabajo. Los que van terminando dibujan un sol al final de la hoja si es que reconocen haber hecho su máximo esfuerzo. De lo contrario, dibujan una nube. Es su autoevaluación. Esto mismo lo repiten todos los días a la misma hora, durante cuatro meses o hasta completar 80 sesiones. A eso, en la sala de clases, se resume el método Langford.-La gracia -comenta Margarita Gómez, directora del jardín- es que aunque se trata de un tiempo acotado donde parecen no suceder grandes cosas, sí ocurren: se van generando hábitos que producen cambios profundos en los niños: al seguir instrucciones, fomentan su autonomía. Las profesoras aprenden que no tienen que ayudarlos a hacer las tareas, sino que a guiarlos: ellos empiezan a entender que son cosas que deben hacer por sí solos. En la casa empiezan a pedir ser escuchados, a que no les hablen gritando, porque entienden lo que les piden -explica.Margarita es otra de las expertas en el método Langford. Lleva tres años aplicándolo en el jardín y asegura que ha sido un conejillo de indias de Sylvia, a quien se refiere con admiración y cercanía. La conoció cuando recién estaba empezando a intervenir colegios. "Entre los educadores tenía fama de ser pionera y estar siempre en la vanguardia", comenta. Un día la escuchó en un programa de radio. Motivada por su discurso, buscó en Google, la llamó por teléfono y le pidió visitar su jardín, con la intención de prevenir que al salir de su jardín y entrar al colegio, sus pequeños alumnos fueran diagnosticados con déficit atencional. Desde entonces, nunca más han dejado de trabajar juntas, tanto así que las oficinas de Flowing operan en el segundo piso de la casa donde funciona Pilai. Allí el último miércoles de cada mes, Sylvia dicta charlas abiertas a público general para que se interioricen de sus ideas. Convencida de que son parte de un nuevo paradigma en la educación, Gómez decidió tomarse este año para acompañar a Sylvia en sus viajes por Chile y así ayudarla a impulsar el método en zonas vulnerables. Se convirtió, como ella dice, en una "flowinger". Ha visto cómo el método Langford se ha esparcido por Chile y cómo Sylvia ha impactado en un sistema educacional que muchos ven completamente colapsado. -Yo he visto los resultados en escuelas de Estación Central y Tongoy donde estudian niños que viven en realidades inhóspitas, donde hay papás presos o sin pega, mamás golpeadas, familias que viven en hogares de acogida o como gitanos de una casa en otra y, aún así, los resultados son impresionantes: ves cómo a niños que les cuesta llegar al colegio o que los papás apenas pescan en su casa, logran una capacidad de concentración sorprendente. Los resultados son exactamente los mismos que en mi jardín que está en un sector acomodado. Y lo mejor es que a los chicos se les ha ido generando un espíritu: empiezan a desarrollar autonomía, autorregulación, perseverancia y empatía con los demás, y una resiliencia y capacidad de sobreponerse, de creer en ellos mismos. La gracia del método es que les entrega lo más importante: herramientas para la vida. Margarita cuenta que muchas veces las intervenciones no son fáciles y ha contemplado cómo Langford utiliza su carisma -"una mezcla de ternura y firmeza"- para poner escenarios adversos a su favor. Hace algunas semanas, la acompañó en la primera sesión del método en la sala de un 8° básico en Estación Central, donde la mitad de los alumnos estaban aislados escuchando música con audífonos y tapados con las capuchas de sus polerones. La profesora, recuerda, no se atrevía a hablarles. Cuando la psicóloga entró a la sala, sin intimidarse, fue preguntando uno por uno, cuál era su sueño. La mayoría respondió "futbolista". Ella, entonces, les habló de Gary Medel y Alexis Sánchez. '¿Ustedes creen que surgieron de la nada?', les dijo. Enganchó en su código y les propuso trabajar la voluntad con un ejercicio que repetirían por varias sesiones, recordándoles que con voluntad todos los sueños se hacen realidad.Margarita fue la encargada de visitar el colegio tres semanas después para ver qué cambios habían experimentado.-La profesora no podía creerlo: los alumnos que nunca participaban en nada, se habían organizado entre ellos para poder implementar el método a las 8 de la mañana -. La educadora reflexiona:- Este método enseña desde la libertad, permite soñar y convence a los niños y los jóvenes de que son actores de su propia vida. Entonces, ya no responsabilizan a nadie de lo que les pasa: ni a sus papás ni a su entorno. Ese es un cambio de paradigma súper fuerte porque en esto yo me hago responsable de mis decisiones y de mis acciones y de hasta dónde puedo llegar. ya"HEMOS CONFUNDIDO LAS COSAS Y CREEMOS QUE EL AMOR ES SOBREPROTEGER, CUANDO EL AMOR ES EXIGIR, PERO EXIGIR CUANDO CORRESPONDE". EN SUS CHARLAS LANGFORD GUÍA A PADRES QUE SE ENFRENTAN A NIÑOS QUE NO OBEDECEN ÓRDENES, PASAN ABURRIDOS Y SON INCAPACES DE ACEPTAR UN NO POR RESPUESTA.

Artículo publicado en: http://diario.elmercurio.com/detalle/index.asp?id=%7B36ca615b-ce67-4462-a1b7-e4c8fc55466b%7D

2 comentarios:

  1. Hola se podrá todavia comprar entradas , no soy apoderada del colegio, agradezco si es que si , indicar donde.
    De antenamo muchas gracias.

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    Respuestas
    1. Estimado anónimo: muchas gracias por interesarte en nuestra charla. A contar del jueves abriremos la charla al público general. Por favor revisa nuestro blog y página de Facebook ese día para mayor información.

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